Sobre Trabajo Social y asamblearismo

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Dos conceptos que se enlazan muy habitualmente, pero que quizá no se le presta tanta atención. Un movimiento social histórico, del que se podía sacar mucho partido. Varios puntos que aprender y mejorar para que resulte realmente un vía de participación efectiva y eficiente. Estas son algunas de las reflexiones que me surgen al relacionar Trabajo Social y asamblearismo.

 
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Poniendo en situación: el 15M y el Trabajo Social

A raíz del 15M, el asamblearismo tuvo un nuevo resurgir. De pronto, mucha gente se unía a un movimiento social después de mucho tiempo “dormido”. De hecho el lema de la famosa placa de Sol era ” Dormíamos. Despertamos“.

Durante aquellos días de ebullición del movimiento (sobre todo las dos primeras semanas) me pasaba por Sol día sí, día también. Pasaba porque me sentía cómodo, arropado, en familia, acompañado, escuchado… Sentía, además, que por primera vez veía una alternativa de salida al sistema de representación que yo mismo criticaba (pero reconozco que poco hacía, más allá de “taladrar” la cabeza a la gente con mis planteamientos). En definitiva sentía que se cundía con el ejemplo y que esa era la mejor vía.

A todo esto no podía negar una perspectiva profesional del Trabajo Social. En aquella época aún estaba en mi 4° año de carrera (iba con algo de retraso) y justo tenía la asignatura de “Instituciones y procesos sociales”, donde habíamos hablado de temas relacionados. De ahí que fuese inevitable esa mirada.

Por esto último, esos días pasaba por Sol también para observar. Sentía que era una oportunidad única para vivenciar eso que habíamos tratado en clase. Observar e “investigar” lo que estaba ocurriendo, hecho que me permitía aprender más y mejor toda esa teoría vista en la asignatura (la propia profesora me lo reconoció diciéndome: “vas a aprender más que en mis clases”).

Ahora bien, 5 años después, me surge una duda. Una duda que justo planteé en el pasado Congreso de Trabajo Social de Madrid (en la mesa redonda sobre ciudadanía) La duda es:

¿Realmente hemos sabido aprovechar desde el TS la oportunidad que nos brindaba el 15M para aprender? ¿Supimos sacar partido a algo que iba en la línea de lo que nuestra profesión busca y tiene como base? Mi sensación es que no.

Las cosas a mejorar

Si mi sensación es que no, es por las experiencias en carne propia que he ido viviendo al respecto. A estas, también puedo añadirles diferentes proyectos profesionales (o más allá de un objetivo de lucha social tan claro), anteriores y posteriores, en los que la esencia y energía del asamblearismo estaba presente. Y analizando buenas y malas experiencias (teniendo presente la formación y experiencia relacionada), he vivido y percibido una serie de fallos sobre los que podríamos mejorar:

  • No hemos sido educados en debatir sin rebatir: hemos aprendido a empezar nuestras intervenciones en un debate por “no llevas razón” “no estás entendiendo”, o “no estoy de acuerdo”. Estas frases, por mucho que se digan con tranquilidad y desde querer respetar, comienzan negando a la otra persona, a sus ideas. Dan la impresión de estar en una situación de superioridad incluso, poniendo el foco en que se esta equivocando. En cambio, modificarlas por “yo creo”, “yo opino” o “yo siento” pone el foco en uno mismo, mostrando mucho mejor el respeto a las ideas, pensamientos y sentimientos de la otra persona.

  • No se trabaja la dicotomía entre decisión individual y grupal: normalmente hemos aprendido a asumir que siempre los caminos o decisiones son tal y como nosotros queremos por completo. Pero debemos pararnos a escuchar y, si entendemos que la esencia de la propuesta es la misma que la nuestra, y ella nos lleva a conseguir lo mismo, pues quizá sea oportuno ceder. Es decir, llegar a asumir que podemos tener una decisión y camino individual y, a la par, una grupal que defenderé por el bien del objetivo común.

  • Falta cultura de centrar objetivos comunes en los que confluyamos: estos objetivos comunes son los que nos unen y por los que luchamos. Pero hace falta un trabajo de que cada persona del grupo lo visualice y asuma cómo suyo, casi como personal. De esta manera trabajaremos más y mejor por ellos.

  • Aprendemos a ser jefes y no líderes o coordinadores: la cultura empresarial del capitalismo nos ha hecho aprender a dirigir y no tanto a coordinar y liderar. En la dirección uno solo tiene el control. En la coordinación y el liderazgo, se da más importancia al poder grupal y el “control repartido”. Con lo primero, el trabajo es más imperativo e individual. Y con lo segundo es más cooperativo, colaborativo y grupal.

  • No hay trabajo de desarrollo de la habilidades comunicativas: nos enseñan escribir mucho y muy bien. A hablar incluso. Pero no ha comunicar, teniendo en cuanta todos los elementos presentes. Y, sobre todo, se da un ínfimo valor al aspecto emocional en el acto comunicativo. O, a veces, erróneamente encauzado.

Todos estos aspectos, tienen su versión y aplicabilidad también online y en redes. Porque es muy común ver, cada vez más, grupos que tienen a organizarse y comunicarse utilizando Facebook o Whatsapp, por ejemplo. O también utilizando otras herramientas de trabajo colaborativo (como Google Drive o Dropbox, por ejemplo). Y, quizá, el más oportuno para estos casos es utilizar los Hangout (porque eliminan el problema de no ver la comunicación no verbal de nuestros interlocutores).

 
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¿Porque nos interesa esta unión?

Partiendo de estos aspectos, y teniendo presente que el Trabajo Social busca empoderar a las personas, grupos y comunidades, es más que oportuno asociar el asamblearismo con este empoderamiento. Tanto a nivel de intervención como interno de la profesión.

Una mejor formación, buscando paliar nuestras carencias y solucionar errores comentados, nos facilita, en primera instancia, poder ejecutar mejor las labores de facilitación de procesos grupales y comunitarios. Unos procesos que buscaran dar voz a cualquier participante, que el grupo generé sus propias soluciones y llegue a autogestionarse. Y eso, al fin y al cabo, es empoderar.

Además, si aplicamos todo esto dentro de la profesión obtendremos grandes beneficios. Con ello nos empoderaremos, conseguiremos que nuestra voz sea escuchada en esas esferas que acaban decidiendo sobre nuestra labor. Esto nos permitirá poner en valor nuestra labor, consiguiendo mayores apoyos de otros colectivos. Y, el culmen será que habremos cundido con el ejemplo, mostrando lo positivo de los procesos asamblearios. Pudiendo alcanzar transformaciones en los sistemas de representación y participación ciudadana contra los que tantas veces nos mostramos críticos.


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Israel Hergón

Sobre Israel Hergón

Graduado en Trabajo Social. Emprendedor e Innovador Social a través del teatro, el arte y la creatividad. "Yo quiero cambiar el mundo. ¡Me encantaría cambiar el mundo! Y creo que todavía se puede cambiar" (Película Noviembre)