Opinión

Vivir para producir: productividad tóxica

Afrontamos una realidad donde se nos inculca que nuestro objetivo es ser más cada día. Ser más productivos o productivas, formarnos más, aprender más, vivir más, exprimir al máximo cada minuto de nuestro día

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En el siglo XVII Blaise Pascal escribió “La infelicidad del ser humano se basa solo en una cosa: que es incapaz de quedarse quieto en su habitación”. Y es curioso, como en el siglo XXI, esta idea siga siendo tan coherente con la realidad que vivimos. Una realidad donde se nos inculca que nuestro objetivo es ser más cada día. Ser más productivos o productivas, formarnos más, aprender más, vivir más, exprimir al máximo cada minuto de nuestro día. Llegando a creérnoslo tanto que parece que nuestra única meta en la vida es vivir para producir.

Vivir para producir

Un claro ejemplo de ello, es lo que vivimos durante el confinamiento. Nos bombardeaban a todas horas, sobre todo en las redes sociales, con mensajes para que fuéramos personas super productivas y no perdiéramos ni un minuto del día. Aprovechando así la oportunidad de estar en casa para hacer manualidades, repostería, deporte, aprender un idioma, de todo. Bueno, de todo menos ser conscientes de lo que estaba ocurriendo en el mundo.

Eran tan fuertes, constantes y convincentes esos mensajes que acabamos creyendo que si no aprovechábamos cada minuto de nuestro día a tope estábamos fracasando. Llegando a convencernos de que lo mejor que podíamos hacer erar no tener tiempo para aburrirnos, pensar o sentir.

Y siento ser yo quien os lo diga, pero, aunque no sea lo que más nos guste, es necesario aburrirse y más aún tener tiempo para pensar y sentir. El aburrimiento nos permite conectar con nosotros/as mismos, por lo que es imprescindible para nuestra salud mental y bienestar. Necesitamos tener tiempo para escucharnos, para ser conscientes de lo que nos pasa por la cabeza y por supuesto, para poder explorar las emociones que sentimos. Al igual que es indispensable tener momentos de descanso y de desahogo. Y más aún, cuando fuera de nuestros hogares estaba ocurriendo una pandemia mundial.

Intentar parchear cada minuto de nuestra vida con actividad es extremadamente peligroso. Este tipo de conductas pueden acabar originando trastornos de ansiedad y de depresión. No podemos caer en el error de creer que ser una persona que no puede parar, que pretende ser productiva el 100% del día nos va ayuda a estar más cerca de la perfección o de la “felicidad” porque consideramos que estamos aprovechando al máximo nuestra vida. Cuando lo que realmente está pasando es que nos estamos perdiendo nuestra vida, porque ese ritmo y presión no nos permite ni vivirla ni disfrutarla.

Productividad Tóxica

El deseo insano y peligroso de querer ser una persona productiva a todas horas recibe el nombre de productividad tóxica. Algunos/as profesionales lo entienden como una variación de la adicción al trabajo. Y por desgracia, la pandemia ha generado en la sociedad una incertidumbre laboral que ha provocado a muchas personas miedo a perder su trabajo.

Para poder contrarrestar este miedo, muchas personas han optado por intentar ser lo más productivos o productivas posible. El problema es que cuando esta productividad se hace excesiva, exigiéndonos cada vez más y más a niveles inhumanos, se vuelve tóxica e incide directamente en nuestra salud, tanto física como mental.

Banderas Rojas

Es importante que conozcamos las señales de alarma que pueden ayudarnos a identificar si estamos sufriendo productividad tóxica. Algunas de estas señales son las siguientes:

  • Llenas tus días de tareas a pesar de tener ya la agenda llena.
  • Te juzgas constantemente por lo que no has hecho y no valoras lo que si haces.
  • Te escondes en el trabajo. Evitas enfrentar ciertas situaciones o problemas.
  • Te sientes culpable por necesitar descansar o por tener tiempo libre.
  • Sientes que si no dedicas el tiempo a trabajar, estás fracasando.
  • Tienes muchos cambios de humor, estás más irascible.
  • Encadenas tareas o trabajos de tal forma que no eres capaz de disfrutar nada de lo que haces o consigues.
  • Has dejado de vivir en el presente.

Si te sientes identificado o identificada con algunas de estás señales, es momento de parar y ver que está ocurriendo. No es necesario que lo hagas solo o sola, hay muchos profesionales de la psicología que pueden ayudarte a identificar lo que está fallando y que te darán herramientas para combatirlo.

Intentemos alejar la productividad tóxica de nuestras vidas. Dejemos de vivir como si alguien nos estuviera juzgando o poniendo nota las 24 horas del día y permitámonos descansar, sentir y disfrutar de nuestro tiempo libre. ¡Liberémonos!

Sonia Antuña

Sonia Antuña

Graduada en Educación Social
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