Opinión

El ocio: ¿privilegio o derecho?

Nuestro sistema está creado para la producción, pero no para cuidar a las personas que generan esa producción.


¿Cuánto tiempo de tu vida dedicas el ocio? El ocio ha estado siempre presente en las diferentes épocas históricas, convirtiéndose en parte fundamental de cualquier sociedad.

Actualmente, lo podemos definir como el tiempo libre que dedicamos al descanso o una actividad que realizamos por gusto tanto solos/as como con otras personas. Generalmente, todos y todas gozamos en mayor o menor medida de tiempo de ocio, pero lo hacemos de manera inconsciente, sin darle el valor que realmente tiene e ignorando lo necesario que es en nuestra vida.

La importancia del ocio

Para que os hagáis una idea del impacto que tiene el ocio en nuestra vida, algunos de sus beneficios son: favorece la autoestima, la socialización y la regulación emocional, promueve el desarrollo personal, mejora el descanso, el sistema inmunológico y la hipertensión, reduce los niveles de estrés, estimula la creatividad, entre otras.

¿Con tantos beneficios cómo podemos tenerlo en un segundo plano? Si nos paramos un momento a reflexionar, es curioso cómo nuestro sistema está creado para la producción, pero no para cuidar a las personas que generan esa producción. Es más fácil que te recomienden aprovechar el día para ser lo más productiva posible, que te animen a tener un espacio de ocio y de calidad que mejore tu bienestar.

En una sociedad que promueve el consumismo y sin frenos

Vivimos en una sociedad que promueve el consumismo, pero esto no es lo mismo que fomentar el ocio. Es decir, el ocio puede llevar o no consigo un coste económico, ¿dar un paseo es menos ocio que ir al cine? La calidad del ocio se debe medir en base a la repercusión e impacto que tiene ese ocio en la persona, no según sea su coste.

Hay millones de actividades y opciones, gratuitas o con coste, que pueden complementarse con tu ritmo de vida y ayudarte a descansar y desconectar de la rutina diaria. Y todo empieza por realizar pequeños cambios en la priorización de tareas, en escucharnos y conocer nuestras necesidades. Recordando siempre que debemos y podemos disfrutar sin culpabilidad.

¿Es una utopía?

Quizás hayas llegado a este punto del artículo pensando que todo esto suena muy idílico, por eso voy a atreverme a lanzarte otra pregunta ¿todo el mundo puede disfrutar y acceder al ocio de la misma manera?

Por desgracia no. Por una parte, como ya comentábamos, la poca cultura del ocio y la mucha cultura de la producción, hace complicado tener el ocio presente en nuestro día a día. Pero quiero ir más allá, quiero hablaros del impacto que tienen nuestras creencias sociales en la vida de otras personas, en concreto en su acceso al ocio.

Las personas pobres sin recursos no tienen derecho al ocio

Que levante la mano la persona que nunca haya oído o incluso dicho la siguiente frase “míralo, no tienen dinero para comer, pero sí para una consola” o “mejor debería estar buscando trabajo que por ahí pasando el día”. Así leídas, resultan acusaciones fuertes, ¿verdad?.

Lo primero que debemos entender es que tanto estos dos como cualquier otro comentario de la misma índole están hechos desde una superioridad moral que debe revisarse. Nos ocurre frecuentemente que juzgamos la vida de las demás personas basándonos en información que desconocemos y bajo el prisma de prejuicios y estereotipos.

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¿De sentido común?

Para que me podáis entender mejor, una de estas creencias sería: “como es una persona con pocos recursos (pobre) no puede tener ocio”. Muchas personas estaréis pensando en que esto no tiene nada que ver con los prejuicios, sino con el sentido común, ya que si tienen problemas más importantes que resolver o necesidades más primarias no pueden estar perdiendo el tiempo.

Por lo cual, ni los niños ni las niñas podrán disfrutar del ocio en su infancia, ni la juventud, ni las personas adultas que se encuentren en esta situación. A pesar de haber visto anteriormente que el ocio puede ser un salvavidas en nuestra vida. Otras personas, al mencionar a niños y niñas estarán pensando que son víctimas, y aunque es una pena no pueden ser iguales a otros niños o niñas de su edad, pueden tener ocio.

Pero que lo tengan gratuito y que sus familias no se gasten el dinero y después pidan. Y yo aquí, además de encender la alarma de “prejuicio”, os lanzó la siguiente reflexión: ¿por qué nos ofende que las personas quieran vivir dignamente? ¿Por qué creemos que podemos decidir cómo gastan o dejan de gastar otras personas su dinero?

Nadie absolutamente nadie conoce realmente cómo es la vida de otra persona más que la propia persona.

De verdad, no la conocemos, no somos conscientes de sus cargas invisibles, sus decisiones, sus obstáculos, en realidad no sabemos prácticamente nada de la vida de otras personas. Por eso, antes de entrar en juicios morales de lo qué debe hacer o no una persona, de lo que consideramos que se merece o no se merece, a lo que puede o no acceder, deberíamos plantearnos ¿por qué nos importa y de dónde sale nuestro juicio? ¿por qué la vida de una persona tiene que ser menos vida?.

Niveles para fomentar la desigualdad

Todos estos comentarios cotidianos están directamente derivados de creencias sociales basadas en la diferenciación entre personas, es la necesidad social que se ha creado de crear niveles en las que unas personas se lo merecen todo y otras no se merecen nada.

Por todas estas razones, es necesario que sigamos reivindicando el derecho al ocio de todas las personas porque el ocio es prevención y salud. Y, por tanto, debemos fomentarlo y crear espacios de ocio gratuitos y accesibles a toda la población.

Sonia Antuña

Graduada en Educación Social
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